S?bado, 12 de septiembre de 2009
El Crepúsculo del Estado-Nación
Una interpretación históricaen el contexto de la globalización

por
Ariel Français

El crepúsculo del Estado-nación no constituye solamente un tema de importancia científica para todoslos que se interesen por la función del Estado en el mundo contemporáneo,sino también es una cuestión fundamental para la gobernabilidaddel mundo de mañana.

Al tratar este tema, recordaremos inicialmente los orígenes del Estado-nación, lo cual nos permitirá caracterizar la crisis que éste atraviesa. Analizaremos también el proceso de globalización, para entender mejorel contexto en que se da esta crisis, y esbozaremos un análisisdel nuevo orden planetario que se está configurando ante nosotros.Finalmente, para concluir nuestro trabajo, intentaremos identificar los desafíos que se presentan a las generaciones futuras.

IndiceLos orígenes del Estado-nación *

La crisis del Estado-nación *

El proceso de globalización *

El nuevo orden planetario *

Desafíos para las futuras generaciones *

Bibliografía *


Losorígenes del Estado-nación

El Estado-nación constituye un modo de organización dela sociedad relativamente reciente en la historia de la humanidad. El surgimientodel Estado moderno puede situarse a raíz del Renacimiento, mientrasque la conformación del concepto de nación, a pesar de formarsepaulatinamente a lo largo de la época contemporánea, sólose consolida a finales del siglo XVIII. El Estado-nación, propiamentedicho, surgió a principios del siglo XIX y alcanzó su apogeoen el curso del siglo XX. Sin embargo, a pesar de que este concepto tieneuna acepción muy amplia y que abarca en el acervo cotidiano cualquiermodo de organización estatal, muchos Estados de hoy no se clasificancomo Estados-naciones. En una época en la que el Estado-naciónestá enfrentado a un proceso de debilitamiento, es necesario recordarlos orígenes del concepto para comprender los procesos evolutivosen curso.

El Estado-nación se ha conformado en el transcurso de un procesohistórico que se inició en la alta Edad Media y desembocóa mediados del siglo XX, en el modo de organización de la colectividadnacional que conocemos en la actualidad. Para llegar al concepto y a lasinstituciones que sustentan este modo de organización fue necesario,en primer lugar, disociar las funciones que cumple el Estado, de las personasque ejercen el poder. Con la conformación del Estado moderno, sellegó progresivamente a la conciencia de que el orden políticotranscendía a las personas de los gobernantes. Así nacióel Estado moderno, un Estado que no confunde las instituciones que lo conforman,con las personas que ocupan el poder, y que asume un conjunto de funcionesen beneficio de la colectividad.

Paralelamente, fue conformándose el concepto de nación,entendido como la colectividad forjada por la Historia y determinada acompartir un futuro común, la cual es soberana y constituye la únicafuente de legitimidad política. Esta conceptualización diovida al Estado-nación a finales del siglo XVIII y fue el fruto delmovimiento de ideas que se desencadenó con el Renacimiento y culminóen el Siglo de las Luces. Con ello se inició un proceso de estructuracióninstitucional de las comunidades nacionales que se propagaría portoda Europa y el continente americano en el transcurso del siglo XIX, yse ampliaría a escala mundial en este siglo, con el acceso a laindependencia de las antiguas colonias.

Con las ideas y los conceptos establecidos en el Siglo de las Lucesy propagados por la Revolución Francesa, quedaron definidos todoslos principios a partir de los cuales se edificarían los Estados-nacionesdurante los dos siglos siguientes: la percepción de la nacióncomo la colectividad que reúne a todos los que comparten el mismopasado y una visión común de su futuro; la definiciónde la nación como la colectividad regida por las mismas leyes ydirigida por el mismo gobierno; la afirmación de que la naciónes soberana y única detentora de legitimidad política; yla afirmación de que la ley debe ser la expresión de la voluntadgeneral y no puede existir gobierno legítimo fuera de las leyesde cada nación.

El Estado-nación, sin embargo, no fue solamente el fruto delmovimiento de las ideas y la concientización de los pueblos --delRenacimiento hasta el Siglo de las Luces--, sino también el resultadode las luchas por el poder y de las confrontaciones sociales --desde laalta Edad Media hasta nuestros días--, de las cuales el propio Estadofue tanto objeto, como instrumento.

De la alianza entre la monarquía y la burguesía --nuevafuerza ascendente a finales de la Edad Media--, resultaron la eliminacióndel feudalismo y el nacimiento del Estado moderno en las sociedades másavanzadas de la Europa occidental. La burguesía, a su vez, tomóel poder y se separó de la Corona --como en las Provincias Unidasde Holanda, en el siglo XVII, o Estados Unidos tras la guerra de independencia--,controló la monarquía por la vía parlamentaria --enInglaterra, a partir del siglo XVII--, o la derribó --en Franciacon el estallido de la Revolución, a finales del siglo XVIII.

Desde el punto de vista socioeconómico, y retrospectivamente,la Revolución Francesa, con su cortejo de consecuencias a lo largodel siglo XIX, constituye una etapa clave en la historia del mundo contemporáneo,pues marca el acceso al poder de las burguesías nacionales y lareestructuración del Estado en función de los objetivos deaquella clase. Se puede afirmar que al concluir el siglo XIX, casi todaslas burguesías nacionales controlaban el aparato del Estado, y queéste había sido reorganizado con el fin de responder a susaspiraciones y a su proyecto económico. Con la revoluciónindustrial, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, este proyectose ajustó a las características del nuevo contexto técnico-económico.Ya no se trataba entonces de producir e intercambiar mercancías,basándose en procesos artesanales o semi-industriales, sino de produciren gran escala, a partir de tecnologías nuevas, que requieren unafuerte acumulación de capital, la explotación de nuevas fuentesde energía y la movilización de una mano de obra abundante,aportada por el mundo rural. Se configuraron de este modo las industriasnacionales, al abrigo de dispositivos proteccionistas, así comoespacios abiertos a las ambiciones y a las rivalidades comerciales, loque traerá como consecuencia la creación de los imperioscoloniales.

El siglo XIX, por lo tanto, se caracterizó por la hegemoníaabsoluta de la burguesía en los planos político, económicoy social, a pesar de lo cual se generaron revueltas de la clase obreray reacciones políticas en el ámbito de la sociedad. A principiosdel siglo XX y confrontado por las protestas sociales de amplias capasde la sociedad y el desafío de la Revolución Rusa, el Estadoburgués represivo del siglo pasado tuvo que transformarse paulatinamenteen Estado mediador y garante del bienestar en los llamados paísesde economía liberal, al mismo tiempo que la clase media asumíaun protagonismo creciente en la vida política. En los llamados Estadossocialistas se implantaron, paralelamente, nuevas formas de administraciónde la economía y de distribución de los bienes e ingresos.Bajo el impulso del partido único y del Estado, se generóuna sociedad sin clases, enmarcada, sin embargo, por los aparatos del partidoy del Estado.

Durante todo el proceso de su conformación y hasta el tercercuarto del siglo XX, el Estado asumió un protagonismo crecienteen la gestión de la economía y en la promoción deldesarrollo. Entre los siglos XVI y XVIII, los Estados europeos de la costaatlántica desempeñaron un papel determinante en la conquistade nuevos territorios y en la promoción de vastos intercambios comercialescon el llamado Nuevo Continente y el Extremo Oriente. A partir del sigloXIX, con la revolución industrial, la función del Estadocambió: en Europa occidental asumió un papel decisivo enla modificación de los marcos legal e institucional y en la estructuraciónde nuevos espacios comerciales. Contrario a muchas ideas prevalecientes,la transformación del capitalismo mercantil en capitalismo industrialno modificó esencialmente el papel del Estado en relacióncon la economía, sino que sus formas de intervención fueronadaptándose a los nuevos requerimientos del proceso de acumulación.

Con la Revolución Rusa y la gran depresión económicade los años treinta, aparecieron nuevas dimensiones: al desafíoplanteado por la aparición de un modelo socioeconómico alternativoen la Unión Soviética se añadió, para los paísesde economía liberal, la necesidad de hallar respuestas a la gravecrisis económica que azotó al sistema capitalista. Se indujeronasí iniciativas como la del New Deal en Estados Unidos yel desarrollo del keynesianismo en la esfera de las políticas económicas.Dichos procesos convergieron, en el período posterior a la SegundaGuerra Mundial, en una intervención creciente del Estado en laseconomías nacionales, lo cual revistió la forma de un controldirecto del proceso de inversión y de reparto de bienes en las llamadaseconomías socialistas, y de una gestión indirecta en el procesode crecimiento y desarrollo económico en las economías llamadasliberales.

El análisis de este proceso permite afirmar que el Estado siempreintervino en la esfera económica, aunque esta intervenciónrevistió formas sensiblemente diferentes según las épocasy los sistemas económicos. Dichos procesos convergieron, en el períodoposterior a la Segunda Guerra Mundial, en una intervención crecientedel Estado en la economía que, sin revestir modalidades idénticas,buscó garantizar niveles de protección social y de accesoal bienestar significativamente mayores a los que el mundo habíaalcanzado en épocas anteriores. Se puede por lo tanto afirmar queel Estado de Bienestar en el mundo occidental y el Estado Tutelar en elllamado campo socialista lograron alcanzar un papel decisivo en la organizaciónde la sociedad, en la promoción del desarrollo y en el arbitrajede los conflictos sociales; funciones todas desafiadas en la actualidad,como lo veremos a continuación.
 

Lacrisis del Estado-nación

La crisis del Estado-nación, a la cual asistimos hoy, es un fenómenorelativamente reciente cuya aceleración aumenta a medida que lascondiciones que la provocaron se agudizan . En la raíz de este fenómenose hallan las perturbaciones que afectaron al mundo a partir de los añossetenta y las relaciones de fuerzas que fueron conformandose en las esferasdel poder y de la ideologia. El primer factor de crisis fue el choque petrolerode principios de los setenta que, en la realidad, ocultó un conjuntode transformaciones aun mas profundas de la economía mundial. Estastransformaciones desencadenaron un proceso de paralización del Estadode Bienestar en el mundo occidental mientras que la internacionalizacióndel capital comenzaba a afectar en su raíz el asentamiento históricodel Estado-nacion. El segundo factor de crisis fue el desplome del llamadocampo socialista ,en sus dimensiones política, económicay militar, la cual resulto de la incapacidad de sus dirigentes para instrumentarrespuestas a las crecientes contradicciones de las respectivas economías.Estas perturbaciones fueron socavando las funciones que el Estado Tutelarhabía logrado asumir en aquellas sociedades mientras que se desagregabanlas superestructuras plurinacionales impuestas por el poder soviético.El tercer factor de crisis fue la inmensa ofensiva ideológica contrael Estado que desencadenaron los medios políticos, académicosy de prensa más apegados al capitalismo avanzado. Esta ofensiva,que impugna el papel del Estado en todas sus dimensiones, socava los fundamentospolíticos, sociales y culturales del Estado-nacion.

La crisis petrolera de 1973 desencadenó desequilibrios comercialesy financieros, un proceso acumulativo de reestructuración de lossistemas energéticos y de los aparatos productivos, una ola de políticasdeflacionarias y la explosión del desempleo. Para amortiguar elimpacto del aumento del precio del petróleo y reducir su dependenciaenergética a largo plazo, los países consumidores tuvieronque adoptar políticas de ahorro de energía en gran escalay de sustitución del petróleo con la promoción defuentes de energía nuevas y alternativas que todavía se implementan.A corto plazo, sin embargo, la respuesta inmediata a la crisis petrolera--más allá de las reestructuraciones y las inversiones requeridaspara disminuir la dependencia energética a largo plazo--, fue eldesencadenamiento en gran escala de políticas deflacionarias conel objetivo de limitar el desequilibrio de las cuentas externas y frenarla inflación. Por otro lado, la acumulación de petrodólaresgenerada por la crisis indujo otros desequilibrios en la esfera financiera,pues alimentó la contratación de deudas en los paísesen vías de industrialización. El endeudamiento consecuenteafectaría dramáticamente al mundo en desarrollo en la décadade los ochenta.

Sin embargo, la crisis del petróleo enmascaró un procesomás profundo: el agotamiento del modo de crecimiento y acumulaciónprevaleciente hasta entonces en las economías del mundo occidental.Entre los hechos más significativos y menos analizados de principiosde aquella época, figura la saturación de los mercados deconsumo de los países occidentales, reflejada en la disminucióntendencial del ritmo de crecimiento en la producción de bienes deconsumo. El crecimiento experimentado por el mundo occidental tras la SegundaGuerra Mundial, impulsado por el acceso del gran público al automóvily a los artículos electrodomésticos , entró en crisisa principio de los setenta, cuando la progresión de la demanda alcanzóun nivel muy próximo al ritmo de remplazo.

A partir de los años setenta, por lo tanto, se observóun estancamiento del modo de crecimiento y consumo que se habíaconfigurado en los países occidentales al salir de la Segunda GuerraMundial, y que era resultado de la revolución industrial que veníadesarrollándose desde principios del siglo XIX. La relativa saturaciónde los mercados y la desaparición de las condiciones que habíanpermitido la expansión continua del consumo y la producciónen esos mercados --energía abundante y barata, tecnologíasdominadas y amortizadas, y una distribución del ingreso generadorade demanda--, obstaculizaron la continuidad del crecimiento. Por el contrario,la necesidad de proceder a importantes inversiones, tanto para superarla crisis petrolera, como para promover nuevos productos y tecnologías,pesaría cada día más sobre la distribucióndel ingreso y la remuneración respectiva del capital y del trabajo.

Todo ello generó una inmensa presión sobre los ingresos,en forma de ahorro forzado --directo o indirecto-- para que se produjeraun nuevo ciclo de acumulación. También generó entrelos grupos industriales y financieros la necesidad de expandir las fronterasdel consumo más allá de los mercados occidentales y de restructurarsea escala mundial para aprovechar al máximo las ventajas de localización.Asistimos, por lo tanto, a la desaparición de las condiciones que,en el plano económico, habían permitido el florecimientodel Estado de Bienestar, y a una reestructuración del capital aescala mundial generadora de un nuevo orden planetario. Asistimos, igualmente,a la desaparición de las condiciones que, en el plano político,habían permitido arbitrar los conflictos sociales, y a una redistribucióndel poder a escala planetaria, mas halla del marco nacional.

Las consecuencias que han tenido las transformaciones en curso sobreel Estado � tal como conformado desde finales de los sesenta-- son múltiples,y afectan directamente su papel de promotor y garante del bienestar. Enprimer lugar, su capacidad para planificar y promover el desarrollo esafectada por la imprevisibilidad del entorno económico. Las políticaseconómicas y sociales se reducen a procesos de ajuste y gestióna muy corto plazo, condicionados por la búsqueda de equilibriosfinancieros y contables. En segundo lugar, el Estado también haperdido su función de promotor del crecimiento y el empleo, puesya no puede regular la demanda y la inversión. La imposibilidadde aplicar esquemas keynesianos, tanto a causa del agotamiento del modelode consumo, como por la tendencia creciente de las empresas a privilegiarlas inversiones en tecnología y capital, ahorrando mano de obra,impide cualquier tentativa de regulación de la actividad económicay por restablecer el pleno empleo. En tercer lugar, el Estado ha perdidotambién sus funciones de redistribución de los ingresos ymoderador de las tensiones sociales, por estar obligado a recortar losgastos públicos y desmantelar los sistemas sociales. Los desequilibrioseconómicos y financieros surgidos en los años setenta y laacentuación del contexto deflacionario en que se ha movido la economíamundial a finales del siglo XX, pesan cada día más sobrela capacidad tributaria de los Estados, lo que resulta en un círculovicioso de la deuda, del saneamiento financiero y de los recortes sociales.Como consecuencia de este triple proceso, se puede afirmar que el Estadode Bienestar ha entrado en estado de crisis, al no poder mas asumir susfunciones de promotor del desarrollo, regulador de la actividad económicay mediador de las tensiones sociales, al mismo tiempo que el Estado-naciónse vuelve obsoleto al no servir mas de soporte para la expansiónde un capital en fase de internacionalización acelerada ni de marcoinstitucional para la elaboración de los compromisos sociopoliticos.La crisis del Estado de Bienestar y la crisis del Estado-nacion son asídos caras de un mismo proceso, donde el Estado no puede mas, asumir susfunciones socioeconómicas mientras que se encuentra marginalizadoen el contexto de la mundializacion del capital.

Sin embargo, la crisis del Estado-nación no se circunscribe ala forma que logro alcanzar en el mundo occidental, con el Estado de Bienestar,pues, al mismo tiempo, se produce el desplome del Estado Tutelar, que habíanconformado los países del llamado campo socialista. El desplomedel Estado Tutelar no es ni el fruto de un accidente histórico,ni la prueba de una presunta supremacía de los modelos liberales.Es el resultado de un largo estado de asfixia de las economías deaquellos países y de la incapacidad de sus dirigentes para transformarsociedades y economías movilizadas, en sistemas pluralistas y flexibles,lo cual culminaría en 1990 con la implosión del campo socialista.Las causas de la asfixia de las economías de tipo soviéticodeben ser buscadas en la propia atrofia de aquellos sistemas, que nuncaconsiguieron superar las limitaciones que presidieron su formación.

Al analizar el modelo soviético en sus dimensiones económicas,predomina, sobre todo, el tema de la movilización, el cual explicala conformación y los modos de funcionamiento de este tipo de economía.En la base del proceso radicaba, en particular, el imperativo de movilizarla economía para garantizar la supervivencia de la revoluciónsoviética, lo cual llevó a los líderes del joven procesorevolucionario y, más tarde, a los dirigentes del Estado soviético,a adoptar un sistema de economía de guerra, derivado del propiosistema que Rusia había implantado durante la Primera Guerra Mundiale inspirado por experiencias similares, en particular, la alemana. Caberesaltar que la cuestión de la propiedad de los medios de producciónno reviste gran relevancia para explicar tanto el comportamiento como losresultados de este tipo de economía, a pesar de todos los debatesy prejuicios ideológicos que siempre acompañaron este tema.Analizadas desde el punto de vista económico, tanto las nacionalizacionescomo las colectivizaciones fueron sólo herramientas dentro de unproceso más abarcador de movilización de la economíadirigido a cumplir determinadas metas de producción, con cuotasde comercialización pre-establecidas, pero sin sanción económicani medición de su adecuación en relación con el consumofinal.

La conformación de este tipo de economía, que poco tieneque ver con la finalidad del socialismo, fue generando, a lo largo de suhistoria, toda clase de desajustes, caracterizados por la inversiónde la competencia hacia los segmentos superiores de la cadena productivay la generalización de penurias en bienes y mano de obra en todoel sistema económico. Para garantizar los objetivos del desarrolloy controlar, al mismo tiempo, los desequilibrios generados por el propiomodo de funcionamiento de la economía, se implantaron, en el transcursode los años, sistemas de regulación y control tales comola planificación, la priorización, la negociacióny la intimidación que, sin resolver la cuestión de la eficienciaeconómica ni satisfacer la aspiración creciente de la poblaciónal consumo de masas, favorecieron el desarrollo del clientelismo y la corrupción.

Confrontado con la presión cada vez mayor de la carrera tecnológicay armamentista durante el período de la Guerra Fría, el sistemasoviético se encontró, en la década de los añosochenta, frente a imperativos de inversión desproporcionados conlas capacidades y la eficiencia de su economía, los cuales, juntoa una demanda interna constantemente insatisfecha, llevaron a la economíaal borde de la asfixia. Analizada bajo este ángulo, la perestroikaconstituyó la última y la más ambiciosa de las tentativasde reforma emprendidas en la Unión Soviética para superarsus contradicciones económicas. Su fracaso, provocado por las incidenciaspolíticas y sociales del propio proceso, llevó, a principiosde los años noventa, al desplome del Estado Tutelar.

El desplome del Estado Tutelar tuvo inmensas consecuencias en los planosinterno y externo. En lo interno, y al igual que en el Estado de Bienestaren el mundo occidental, se desagregaron los sistemas y mecanismos que teníancomo fin promover el desarrollo, regular el crecimiento y el empleo, ygarantizar tanto el acceso a los servicios básicos como la protecciónsocial. En el plano exterior se desintegró el sistema de alianzasy de cooperación que asociaba a los países del llamado camposocialista, y quedó afectado hasta el propio sistema federativosoviético, lo cual abrió un inmenso espacio a la penetracióndel capital extranjero como consecuencia de la desaparición de lasfronteras políticas, económicas y militares que separabanesta parte del mundo de la otra. La desaparición misma del modelosoviético, como la del campo socialista, crearon tambiénun desequilibrio en los procesos que habían llevado a que paísesdel sistema capitalista mitigaran sus excesos con políticas sociales,en el preciso momento en el cual el Estado de Bienestar, en el mundo occidental,ya se revelaba incapaz de continuar asumiendo su papel. Y es precisamenteen ese contexto de crisis del Estado de Bienestar en Occidente, y del EstadoTutelar en el Este, cuando se intensifica la ofensiva neoliberal impulsadapor los sectores más extrovertidos del capital mundializado.

La gran ofensiva neoliberal, a la cual hemos asistido desde el principiode los años ochenta, tiene raíces más lejanas. Alfinalizar la Segunda Guerra Mundial, en un ambiente eminentemente favorableal protagonismo económico y social del Estado, aparecen las primerasresistencias al papel asumido por éste, en la forma de una contraofensivaideológica dirigida contra el Estado y destinada a magnificar lasvirtudes del mercado. Esta corriente, que se estructuró en tornoa ciertas universidades y que fue financiada por poderosas fundacionesvinculadas a intereses económicos norteamericanos, daríavida a la llamada escuela neoliberal. Su proyecto podría resumirsecomo la eliminación del Estado en sus dimensiones económicasy sociales, y la liberación total de las llamadas fuerzas del mercado.

No obstante, habría que esperar unos treinta y cinco añospara que los partidarios de dicha escuela asumieran un papel protagónicoy la ideología sustentada por dicha corriente penetrara significativamenteen los círculos del poder político y las técno-estructurasque los rodean. Desde este punto de vista, la llegada al poder del presidenteReagan en Estados Unidos y de la primera ministra Thatcher en el ReinoUnido, marca una etapa decisiva, con el desencadenamiento de una seriede políticas y medidas que irían materializando el proyectoneoliberal. A partir de aquellos momentos se instrumentan las políticasde desregulación y desreglamentación inspiradas por los círculosneoliberales, así como las políticas de privatizacióny de reducción del gasto público, incluidos los llamadosprogramas de ajuste estructural, cuyo propósito es tanto restablecerla solvencia externa de los países endeudados, como desmantelarlas políticas y los instrumentos de intervención del Estado.

Sin embargo, el proyecto neoliberal no tiene dimensiones meramente internas,sino internacionales --o globales, para utilizar la propia fraseologíade los promotores del nuevo orden mundial. El objetivo implícitodel proyecto neoliberal es la creación de un inmenso espacio sinfronteras a escala planetaria, donde podrán circular sin trabaslas mercancías y el capital, incluyendo la mano de obra cuando --ysólo cuando-- tal movimiento se revele oportuno. Este proyecto,que hoy casi ha llegado a su estado de maduración, comenzóa formarse a finales de los años cuarenta con los acuerdos del GATTy la puesta en marcha de las negociaciones comerciales dirigidas a desmantelarlas barreras aduaneras. Estas negociaciones culminaron en abril de 1994con los acuerdos de Marrakech, fase final de la última ronda denegociaciones, conocida como la Ronda Uruguay. Asimismo, el campo de lasnegociaciones fue ampliándose durante estos años bajo elsupuesto indiscutido de que la liberalización del intercambio seríaun factor de progreso, mientras las medidas proteccionistas constituíanun factor de retroceso. Se desmantelaron así, progresivamente, lasbarreras aduanales y los obstáculos no tarifarios. Se incluyeronposteriormente los servicios, con el desmantelamiento de los monopoliospúblicos y la desprotección de renglones enteros de las economías,fenómeno que abarcó sectores tan estratégicos o sensiblescomo las telecomunicaciones y la producción cultural. También,y al margen de cualquier espacio de negociación o debate público,se liberalizaron los movimientos de capital, lo cual privó a lasautoridades monetarias de la facultad de controlar tales movimientos, ypermitió conformar un inmenso espacio financiero planetario en elque se mueven hoy los fondos especulativos. Para completar este proceso,se iniciaron también negociaciones en el seno de la OCDE para liberalizarlas inversiones extranjeras y garantizarlas contra el riesgo políticoa través del llamado Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI),el cual no llegó hasta hoy a ser adoptado debido a las oposiciónesque suscitó en diversos sectores. Todo este proceso, que podríamoscaracterizar como una sucesión de abandonos deliberados de soberaníaen áreas claves de la regulación económica, preparó,respaldó y estructuró la internacionalización delcapital y la reestructuración de la economía a escala mundial,a las cuales asistimos hoy.
 

Elproceso de globalización

El proceso de globalización, tal como lo estamos presenciando,encubre una serie de cambios radicales en las esferas económica,social y cultural.

En la primera, asistimos desde los años setenta a una transformaciónradical del concepto de espacio económico, inducida por el capitalinternacional, su relocalización a escala planetaria y la reinstrumentaciónde las relaciones entre actores económicos y entre unidades de producción.La división que aún prevalecía hasta el siglo XIXentre el mundo occidental --mercantil y en vías de industrialización--,y el mundo de las civilizaciones estancadas y de los pueblos indígenas,fue sustituida a principios del siglo siguiente por una oposiciónNorte � Sur : entre países ricos e industrializados, por una parte,y países pobres y subdesarrollados, por la otra, prevaleciente aúnhoy. Las relaciones de dominación y de dependencia que se establecieronentre aquellos grandes espacios --a los cuales se asimilaron los conceptosde centro y periferia-- permanecen groseramente válidas como mecanismoexplicativo. Sin embargo, aquella imagen se ha vuelto más complejaen la segunda mitad del siglo XX a partir de la conformación deespacios económicos integrados --o en proceso de integración--en torno a las grandes metrópolis económicas del Norte, enlas cuales se administra hoy la mayor parte de la actividad económicay de la riqueza acumulada. Dichos espacios-que se caracterizan por un altonivel de intercambios internos y significativas relaciones comerciales,así como por importantes flujos de inversiones internas y recíprocas-,se estructuran hoy alrededor de los tres polos de la llamada tríada,constituida por Estados Unidos, la Unión Europea y Japón.

No obstante, esta visión groseramente representativa de los mercadosy de los intercambios en el ámbito de los espacios macro-económicosno capta la realidad aún más compleja de la organizaciónde la producción y del movimiento del capital al nivel planetario.El proceso de mundialización del capital, que se inició enlos setenta y se aceleró a partir de los ochenta, encubre en realidadtres fenómenos: la penetración de los grandes mercados existentesy de los llamados emergentes por la vía de la inversión extranjeradirecta; la relocalización de amplios segmentos de la cadena productivaen países con bajo costo de mano de obra y débil organizaciónsindical, por la vía de las transferencias de capitales; y, finalmente,la conformación de un vasto mercado financiero a escala planetaria,articulado en torno a una docena de plazas financieras con proyecciónmundial.

Analizado desde este ángulo, una de las principales consecuenciasde la transnacionalización de la producción y la liberalizaciónde los flujos financieros ha sido la desvinculacion de la actividad productivacon los territorios nacionales e, incluso, con las zonas de intercambiocomercial y de integración económica conformadas por determinadospaíses. En efecto, si se exceptúan las actividades con fuerteslimitaciones de reubicación o con potencial limitado de expansióncomercial, la mayoría de los grupos industriales y financieros tiendenhoy a organizarse a escala planetaria, creando redes globales de produccióny de intercambio que rebasan o se superponen a los espacios nacionales.Sin embargo, dichas redes se estructuran actualmente en torno a centrosde mando de nivel planetario con sede en un número limitado de grandesmetrópolis norteamericanas, europeas y asiáticas --aunquetambién en un número limitado de metrópolis del hemisferioSur--, suministradoras de servicios estratégicos y financieros,y funcionando como nodos en la red global conformada por los grandes gruposindustriales y financieros.

Como resultado de esta transnacionalización de la economía,se ha constituido hoy una red global de intercambios económicosy financieros que, a semejanza de la Web, trasciende las fronteras nacionales,se estructura en torno a un número limitado de nodos metropolitanosestratégicos, y sobre la cual los Estados no ejercen másque un control marginal. Pero también se ha reconfigurado el espaciosocial, siguiendo las líneas de fractura diseñadas por elproceso de transnacionalización, el cual, más alláde la redistribución de las actividades económicas a escalaplanetaria, redistribuye también la riqueza y el poder, segúnnuevos parámetros socioeconómicos.

La universalización de la brecha social constituye, como lo veremosseguidamente, el segundo cambio de gran envergadura inducido por el procesode globalización. Si hasta hace poco tiempo se podía dividirel planeta en mundo desarrollado y mundo subdesarrollado, en Norte globalmenterico y Sur masivamente pobre, en centro dominador y periferia explotada,ya resulta imposible --como en la esfera económica-- emplear losmismos conceptos, por demasiado simplistas e incapaces de representar larealidad social. Si esta dicotomía permanece groseramente válidaen el ámbito de los macro-espacios, reflejando los desniveles deacumulación a escala mundial, el proceso mismo de transnacionalizacióndel capital está incidiendo profundamente en la distribuciónde la riqueza a escala planetaria y en las relaciones de fuerza dentrode cada sociedad.

Así, con la relocalización del capital y las actividadesproductivas a escala planetaria, se están produciendo cambios enlas esferas del empleo y la relación capital-trabajo que afectanprofundamente la estratificación social de los países y delos espacios involucrados. Mientras ciertas zonas declinan en términosde actividad económica y de empleo, otras emergen como resultadode las relocalizaciones industriales y de los movimientos de capital. Deeste modo, nuevas áreas deprimidas y nuevas zonas de prosperidadse constituyen, como resultado de dichos movimientos. La evolucióna la cual asistimos no sería tan grave si no ocurriése enun contexto de precarización del empleo y de la protecciónsocial en los países industrializados, y de competencia por losmás bajos niveles de remuneración y protección socialen los países subdesarrollados. Al mismo tiempo, no se ha conseguidopromover el desarrollo de inmensos espacios geográficos y de numerosospaíses y territorios, donde siguen concentrándose una granparte de la miseria y donde se sitúan también los principalesfocos de emigración hacia las zonas de mayor desarrollo.

Mientras la regresión y la precarización sociales afectancada día más a los países industrializados y mientrasel mundo subdesarrollado continúa concentrando la gran masa de losmiserables, se conforman también islotes de riqueza sobre el telónde la pobreza, como consecuencia de la relocalización del capitaly la concentración de los ingresos en determinadas áreasdel planeta. Se materializan así procesos de ascensión socialen las zonas beneficiadas, con la conformación de capas privilegiadasy la aparición de una neoburguesía. Sin embargo, la relativaascensión social que se puede observar en ciertas zonas del mundo--como resultado del proceso de relocalización-- no deja de serlimitada y precaria, y no compensa el masivo retroceso social que se observaen los países de antigua industrialización --como consecuenciade las políticas deflacionarias y de la reestructuracióndel capital--, ni la eliminación acelerada de las clases mediasen los nuevos países industrializados debido a las políticasde ajuste estructural impuestas por las instituciones financieras internacionales.

Globalmente, la persistencia de la miseria en amplias partes del mundoy el retroceso generalizado de la clase media y de la clase obrera en todoslos países, contrastan con la concentración creciente deriqueza y de poder que se está desarrollando al otro extremo dela pirámide social. Todo ello conlleva una acentuación brutalde las desigualdades y una universalización de la brecha social,tanto en los países industrializados como en los subdesarrollados.La convivencia cada día más conflictiva entre marginalizadosy privilegiados, particularmente aguda en el medio urbano --donde estasdos categorías se cruzan cotidianamente--, se presenta ya, quizás,como un reto, sino el mayor de los retos del Tercer Milenio. De hecho,como resultado de la transnacionalización de la actividad económicay de la concentración de las funciones de mando en las grandes metrópolis,se está conformando actualmente, a escala planetaria, un modelosocial con características universales, donde una minoríade privilegiados deberá coexistir con un número crecientede marginados.

La tercera, y no menos impresionante, característica del procesode globalización es la exacerbación de la crisis de la identidad.La desarticulación de las economías nacionales y el retrocesode los mecanismos de protección social que respaldaban la solidaridadnacional socavan la legitimidad del Estado en el mismo momento en que laofensiva ideológica neoliberal ataca sus fundamentos socio-políticos.Mientras tanto, las referencias culturales de los pueblos --y sus sistemasde valores-- son agredidos por la penetración cultural del modelodominante y los valores asociados a este modelo.

Se observa, por un lado, un retroceso del Estado --tanto en efectividadcomo en legitimidad-- en su misión de responder a las inquietudesy a las aspiraciones de los ciudadanos: por una parte, como ya se subrayó,el Estado se revela incapaz de solucionar los llamados problemas globales,pues no logra asumir su papel económico y social, y por la otra,diminuye el compromiso de los ciudadanos en relación con el Estado,que no consigue ya responder a sus aspiraciones de seguridad y bienestar,cuando no cae en el extremo de servir a grupos e intereses ajenos a lanación.

Todo esto socava a su vez las bases del contrato sobre el cual se habíaconformado el Estado-nación, contrato político y social medianteel cual cada individuo cedía al Estado parte de sus derechos parapoder ejercerlos colectivamente como ciudadano en beneficio del interésgeneral. Asistimos, por lo tanto, a un retroceso de la legitimidad delEstado, que se traduce en una pérdida de credibilidad de las institucionespolíticas y de la legitimidad de la "clase" política, y cuyasconsecuencias son gravísimas para la solución de los problemaspolíticos y sociales a los cuales se enfrentan los paíseshoy.

Así se explican el resurgimiento de los peculiarismos provincianoso regionales, la búsqueda cuasi instintiva de las raícesculturales y de solidaridad en el ámbito de otras colectividades--locales o asociativas--, el surgimiento o resurgimiento de movimientosautonomistas y sus formas extremas, como el terrorismo y las guerras civilesen varias partes del mundo.

El retroceso del Estado y el compromiso ciudadano no serían tangraves si al mismo tiempo los valores y las referencias culturales quesirven de cemento a la cohesión de cada pueblo no fuesen agredidospor un modelo cultural globalizado, producto de los modos de vida que promuevenel capitalismo mundializado y el sistema de valores que lo respalda. Estemodelo cultural, promovido por el capitalismo y su principal centro deimpulsión --los grandes grupos norteamericanos con proyeccióntransnacional--, agrede hoy, no solamente a las sociedades del mundo occidental,sino también a las del mundo subdesarrollado, y las enfrenta a valoresy modelos que destruyen la identidad cultural de cada pueblo, les imponeuna cultura uniforme y mercantil que glorifica la violencia y el individualismo,y atenta contra los valores de solidaridad y los principios éticosque respaldan la mayoría de las culturas, incluyendo sus dimensionesmorales y religiosas.

Así se explica la explosión del integrismo en el mundoislámico, iniciada en Irán, a finales de los setenta, y extendidaahora a varios continentes, incluidos el europeo. El integrismo es el resultadode un rechazo instintivo y violento al modelo de vida promovido por elOccidente, con sus dimensiones consumistas e individualistas, y percibidocomo una agresión cultural y ética en sociedades pobres,impregnadas de misticismo.

Así se explica también --en otro contexto y con formasdiferentes-- la resistencia que oponen al modelo norteamericano, nacionesque conservan todavía una fuerte identidad cultural --Francia enEuropa, Japón en Asia, Cuba en América Latina-- y que laslleva a confrontaciones agudas con los intereses y los centros de podercon sede en Estados Unidos.

Como resultado del proceso analizado, se ha exacerbado hoy la crisisde identidad, entendida ésta como la crisis vivida por cada puebloe, incluso, por cada comunidad unida por valores y referencias comunes,frente a las agresiones del modelo cultural dominante, en el contexto deun retroceso del Estado y del compromiso ciudadano. La exacerbaciónde la crisis de la identidad provoca dos tipos de reacciones por partede las comunidades agredidas: la primera es el rechazo, frecuentementeviolento, de los valores y referencias culturales promovidos y respaldadospor el capitalismo mundializado, y la segunda, corolario de la primera,es un retorno a los valores y referencias tradicionales de las comunidadesagredidas o el enclaustramiento en ellos, con frecuentes derivaciones xenófobas.

Así se explica hoy tanto la expansión del integrismo musulmánfrente a la penetración de un sistema de valores que niega o destruyela espiritualidad, como la proliferación, en el otro extremo, dela xenofobia y los conflictos étnicos, tanto en países supuestamentecivilizados, como en sociedades menos avanzadas. Todo ello tiene como consecuenciauna desgregación tanto de la nación --como entidad unidapor un pasado y un destino comunes-- como del Estado --en sus formas tantounitarias como federales o confederadas--, y a una proliferaciónde los conflictos étnicos y religiosos que caracterizaránsin duda el mundo del Tercer Milenio.
 

Elnuevo orden planetario

Mientras declina el Estado-nación y retroceden los Estados soberanosque constituían la comunidad internacional, toma forma, paulatinamente,un nuevo orden planetario. La creación del nuevo orden, que aúnpermanece inadvertido al ciudadano común, tiene como corolario lapropia descomposición del Estado y es promovida por las fuerzaseconómicas y sociales emergentes que vienen estructurando el mundoa finales del siglo XX. El nuevo orden planetario, tal como lo analizaremosde inmediato, es ante todo la proyección de nuevos campos de fuerzaque no pueden ser comparados ni en naturaleza ni en amplitud con los quemodelaron el mundo pasado. Nuevas entidades con vocación o proyecciónmundial vienen expandiéndose por encima de las fronteras, burlándosede las legislaciones nacionales o apoyándose en los propios aparatosestatales, reorientados para nuevos fines. Sin embargo, la nueva economíamundial y los campos de fuerza que están configurándose noson socialmente neutros. Detrás de los actores económicosy de la maquinaria que los sustenta se perfila una nueva oligarquíaplanetaria, caracterizada por una visión compartida de sus interesesy el manejo de determinados instrumentos sobre los cuales se asienta supoder. Intentaremos ahora caracterizar a estos nuevos actores, los grupossociales que se benefician de ellos y los instrumentos que respaldan supoder.

La irrupción de los actores globales constituye, sin duda, unode los acontecimientos más revolucionarios en la esfera de las relacionesinternacionales de finales del siglo XX. Por primera vez en la historiade la humanidad surgen entidades que piensan y actúan en términosglobales, es decir, a escala planetaria, fuera de cualquier atadura territorial.

Hasta hace pocos años, no se concebía ni se instrumentabael poder, político o económico, fuera de un espacio territorial.El territorio constituía la base a partir de la cual tanto los Estadoscomo las empresas asentaban y articulaban sus fuerzas. Y las relacionesinternacionales trataban exclusivamente de las relaciones entre Estados,sea bilateral o multilateralmente, inclusive en sus dimensiones económicas.

Con la mundialización del capital, la transnacionalizaciónde las grandes empresas, los progresos en el transporte y las innovacionesen el campo de la informática y las comunicaciones, se estáconstituyendo en la actualidad un espacio económico único,donde las fronteras físicas y administrativas tienden a disolverse.El proceso de transnacionalización de las grandes empresas, quese inició después de la Segunda Guerra Mundial con la expansióndel capital norteamericano y se aceleró, a partir de los setenta,con el desarrollo de las inversiones extranjeras directas, europeas y japonesas,está teniendo como consecuencia la constitución de un espacioúnico de competencia donde un número cada vez másreducido de grupos gigantescos tratarán de dominar los mercadosy, a través de ellos, afirmar su poder económico y social.

Como lo analizamos anteriormente, los factores que propiciaron dichaexpansión fueron el agotamiento del modo de crecimiento que habíabeneficiado al mundo occidental hasta la década de los setenta yla consecuente búsqueda, por parte de las empresas, de una ampliaciónde las fronteras del consumo y la adopción de modalidades de acumulaciónbasadas en una nueva relación entre el capital y el trabajo. Esteproceso fue promovido y respaldado, como lo subrayamos, por las políticasneoliberales diseñadas por ciertos círculos despuésde la Segunda Guerra Mundial, y que condujeron a una liberalizacióncreciente de los movimientos de mercancías, servicios y capitales,asociada a una privatización sistemática de las economíasy a un retroceso orquestado del papel del Estado.

Como resultado de este proceso se está conformando actualmenteuna economía oligopólica global, sustentada por inmensosgrupos industriales y financieros cuasi monopólicos, detentoresde tecnologías de punta o protegidas, quienes tienden, a travésde alianzas y absorciones, a reforzar su dominación en sus respectivoscampos de excelencia. Por lo tanto, se están constituyendo a escalaplanetaria varios campos de fuerza económicos ampliamente desterritorializados,los cuales se superponen a las relaciones interestatales y entrechocancon estas últimas.

Sería, sin embargo, prematuro anunciar el fin del Estado-nacióny su sustitución por un Estado al servicio de las transnacionales,debido a que un número aún significativo de Estados con fuerteidentidad nacional intentarán probablemente preservar su espaciode actuación y decisión, manteniendo o adaptando sus mecanismosde control y regulación.

No obstante, el escenario más probable es el del debilitamientode muchos Estados, obligados a conceder ventajas fiscales, laborales yde otra índole cada vez mayores a los grupos transnacionales, yel de una convergencia creciente entre los intereses de dichos grupos ylos de las capas dirigentes de sus Estados matrices, lo cual constituyeun reflejo, a su vez, de las prevalecientes relaciones de dominacióndel mundo industrializado sobre el mundo subdesarrollado. Por lo tanto,el escenario más probable es el alineamiento creciente de los aparatosestatales de los países industrializados con los objetivos y ambicionesde los grupos transnacionales --como ya se puede observar en el caso deEstados Unidos, Japón y Europa occidental-- así como unasubordinación cada vez más acentuada de los paísessubdesarrollados a los intereses de dichos grupos.

Sería un error, sin embargo, limitar la esfera de los actoresglobales al grupo de las transnacionales. Mientras su presencia y poderse imponen a escala planetaria, en otras áreas emergen nuevas fuerzascon objetivos y características muy distintos.

Por un lado, nuevas organizaciones de carácter no gubernamental,con una visión y objetivos planetarios, conforman hoy lo que calificaríamosde ONG globales. Las características y las ambiciones de dichasONG son, por supuesto, muy diferentes de las que caracterizan a las transnacionales,pues han surgido como respuesta a los grandes desafíos que enfrentanuestro mundo a finales del segundo milenio en áreas como el medioambiente, las emergencias complejas y los derechos humanos, para mencionarapenas las de mayor peso. El poder de las ONG globales deriva de su fuerzacomo proyección organizada de aspiraciones universales y de su capacidadde movilización de los individuos y de la opinión pública.Aunque disponen de recursos que en algunas son relativamente elevados,lo esencial de su poder radica en la movilización de fuerzas moralesy aspiraciones universales que, sin actuar directamente sobre la esferaeconómica, crean obstáculos a la expansión incontroladade las transnacionales.

En el extremo opuesto, organizaciones de carácter no gubernamentalcon proyecciones y ambiciones también planetarias, conforman loque calificaríamos de redes globales, algunas con propósitoscriminales y otras de carácter místico.

Entre las redes globales con propósitos criminales se encuentranlas del tráfico de drogas y de armas --muchas veces vinculadas--,las del tráfico de las personas --que incluyen a inmigrantes y otrasformas modernas de esclavitud--, y todas aquellas involucradas en tráficosilícitos, como el de los órganos humanos, por ejemplo. Dichasredes, que se relacionan con el crimen organizado y cuya finalidad es lucrativa,pueden revestir, cuando alcanzan cierto grado de organización yde recursos, la forma de transnacionales virtuales. Muchas mantienen vínculoscasi orgánicos con las transnacionales, por el canal de las finanzas,el comercio y la inversión, como lo ilustra la cuestión dellavado de dinero.

Entre las redes globales con propósitos místicos se encuentran,con frecuencia creciente, las sectas religiosas. La proliferacióny la expansión de dichas sectas a escala mundial, aunque no constituyeun fenómeno nuevo, llama hoy la atención. Si sus propósitosson supuestamente confesionales, la organización y modos de operarde muchas se basan en la manipulación de los espíritus oen la intimidación. Utilizan, por lo tanto, la fuerza del misticismoy de los recursos de sus adeptos, sirviendo a los intereses del círculode sus dirigentes y hasta desarrollan proyectos con característicasque rondan la megalomanía y el crimen, como lo ilustró, recientemente,el caso de la secta Verdad Suprema en el Japón.

Finalmente, en la frontera entre la criminalidad y el misticismo sehallan los grupos armados y las organizaciones terroristas internacionales,que derivan su fuerza tanto de la fe en una causa y del rechazo al consumismooccidental y a sus símbolos culturales, como de la revuelta provocaday alimentada por la miseria. Si el propósito de dichos grupos esderribar por la violencia a los que perciben como opresores, y al modeloconsumista propagado por las transnacionales y respaldado por la potencianorteamericana, sus métodos se asemejan a los de las redes criminales,con las cuales mantienen vínculos casi orgánicos.

Si la presencia y el peso de todos estos actores sobresale hoy a escalamundial, y marginaliza cada día más el papel del Estado comosujeto y actor de la escena internacional, sin embargo, poco se ha dichoo escrito sobre los nuevos dueños del poder, a los que calificaríamoscomo la nueva oligarquía planetaria. De hecho, una de las principalescuestiones planteadas por el llamado proceso de globalización, sino la principal y la menos percibida, es la redistribución del podera escala global, más allá de los Estados y las respectivassociedades, en lo que actualmente constituye el sistema mundial.

Una lectura socio-política del proceso de globalizaciónque intentára profundizar más allá de sus fundamentoseconómicos y de sus manifestaciones culturales, mostraríaque, en el fondo, lo que está sucediendo es la concentracióncreciente del poder en manos de ciertos grupos que, sin formar una clasesocial en el sentido que le daba Marx, constituyen una capa privilegiaday multifacética, aglutinada por intereses comunes y una visiónconvergente del universo, y portadora, por lo tanto, de una nueva ideología.Estos grupos no se sustentan en los medios de poder que respaldaron elascenso de la burguesía mercantil, primero, y de la burguesíaindustrial, después, es decir la acumulación de capital y,a través de esta, el control del aparato del Estado.

El poder de la nueva oligarquía planetaria no se asienta sobreel capital, ni siquiera sobre las finanzas, sino sobre el control, el procesamientoy la manipulación de la información, que constituye actualmente,como lo analizaremos más adelante, el instrumento por excelenciadel poder en su nueva configuración. Acceder a la informacióncrítica, a su procesamiento estratégico y a su manipulaciónsocial supone, como primer requerimiento, haber tenido acceso a la educaciónsuperior, particularmente en aquellas escuelas y universidades con altogrado de selectividad social. También supone el apoyo y la complicidadde los grupos ya asentados en el poder, lo que, de entrada, limita eseacceso a una ínfima parte de la humanidad. Sin embargo, este mismoproceso de selección-cooptación no garantiza el acceso aposiciones privilegiadas ni al poder, donde se concentra, precisamente,la información estratégica. Requiere, como paso siguiente,la eliminación de los competidores, un proceso respaldado por elindividualismo promovido por el núcleo norteamericano de la oligarquíaplanetaria y que redunda, en escala mundial, en un darwinismo social quejustifica su legitimidad con la idea de que los ganadores son necesariamentelos mejores y que los perdedores... (continúa en la parte dos).


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